Por: Pablo Onorato
El conjunto blanco levanta una desventaja de 14 puntos en una segunda mitad de infarto en el Movistar Arena (95-88). Con el orgullo herido, el empuje de Deck, los fogonazos de Lyles y la jerarquía final de Hezonja consumaron una victoria con ADN madridista.
Al Real Madrid nunca, bajo ninguna circunstancia, se le puede dar por muerto. Es una máxima no escrita del deporte mundial que volvió a grabarse a fuego en la Euroliga. En un Movistar Arena que registró una gran entrada para recibir al ambicioso proyecto del Dubai Basketball en la jornada 19, el conjunto blanco firmó una de esas remontadas con denominación de origen: de estar contra las cuerdas y besando la lona antes del descanso, a desatar la locura en las gradas con una segunda mitad colosal basada en el corazón, el orgullo y la pizarra. Una inyección pura de adrenalina justo antes de afrontar El Clásico del domingo.
El choque arrancó con las revoluciones altas y un guion de pura montaña rusa. En un primer cuarto de constantes alternativas y ritmo de anotación vertiginoso, el Madrid logró golpear primero para adjudicarse el parcial por 27-24. Mario Hezonja asumió los galones ofensivos de inicio, erigiéndose en el faro anotador de los locales, mientras que Gabriel Deck desató los primeros aplausos de la noche con un triple marca de la casa sobre la bocina que otorgaba la delantera a los blancos.
Sin embargo, el panorama se oscureció de forma dramática en el segundo periodo. El Madrid colapsó por completo y el silencio se apoderó del pabellón. Dubái pasó el rodillo en ambos lados de la cancha, castigando cada pérdida y adueñándose de la pintura. Los pupilos de Sergio Scariola vieron cómo su porcentaje de conversión en tiros de campo se desplomaba hasta un preocupante 37%, firmando un raquítico parcial de 17 puntos frente a los 27 del acto inicial. Diez puntos menos de producción sumados a severas lagunas defensivas permitieron a los visitantes marcharse al vestuario con una brecha crítica: 44-58. Catorce puntos abajo y caras de seria preocupación en el madridismo.
Rebelión en el Coliseo y el rugido de ‘Tortu’
Pero el paso por los vestuarios activó el interruptor del orgullo. El Real Madrid saltó al parqué del tercer cuarto con una mirada radicalmente distinta, dispuesto a vaciarse hasta el último suspiro. Gabriel ‘Tortu’ Deck y Trey Lyles se echaron el equipo a la espalda en un ejercicio de fe absoluto. Con una intensidad defensiva asfixiante y transiciones letales, los blancos desataron una ráfaga de energía que pilló a Dubái completamente desprevenido.
El epílogo del tercer cuarto fue una batalla digna de Esparta. El ambiente en el Movistar Arena rugía como el mismísimo Coliseo romano, empujando a los suyos en una persecución implacable. Punto a punto, posesión a posesión, el Madrid trituró la renta de catorce unidades del conjunto emiratí hasta clavar un emocionante 73-73 en el electrónico antes de encarar el asalto definitivo. Cambio de mentalidad total, carácter e identidad de La Casa Blanca.
El momento de ‘Super Mario’ y sentencia de líder
El destino del partido guardaba un héroe para el desenlace. Mario Hezonja, que había mantenido un perfil discreto tras su buen arranque, emergió en el momento de la verdad. Cuando el balón más quemaba y la posesión se volvía de hierro, el croata dijo aquí estoy yo. Con un par de acciones individuales repletas de clase y dos triples inverosímiles, Hezonja devolvió el liderato al Madrid muchos minutos después y dinamitó la resistencia psicológica de Dubái.La inercia ganadora ya era imparable. Sustentado en una defensa numantina y con el viento a favor de su afición, el Real Madrid pasó de la lona a ponerse diez puntos arriba en el marcador en un abrir y cerrar de ojos. Sangre blanca y corazón puro para certificar el triunfo por un definitivo 95-88. Una victoria que vale oro por la entidad del rival, por la tremenda montaña rusa de emociones brindada y por el golpe sobre la mesa de un grupo que vuela hacia El Clásico con la moral por las nubes.