Por: Pablo Onorato
El conjunto de Álvaro Arbeloa firma un partido deslucido, cae por la mínima (0-1) ante el cuadro azulón y encadena su segunda derrota consecutiva en Liga. Una genialidad aislada de Satriano, la impotencia ofensiva y la expulsión de Mastantuono condenan a un Madrid que ve cómo el Barcelona se escapa en la cima.
Lunes a las nueve de la noche. Tras una jornada laboral ardua y larga, y con la plena certeza de que al día siguiente toca madrugar para volver a la rutina, la afición del Real Madrid demostró que nunca abandona. Contra todo pronóstico y desafiando el peor horario posible del fútbol moderno, el Santiago Bernabéu registró una gran entrada para arropar a los suyos. Sin embargo, el equipo no estuvo a la altura del sacrificio de su gente. En una noche gris, apática y carente de ideas, el Real Madrid claudicó ante el Getafe CF, sumando un tropiezo inexplicable que frena en seco sus aspiraciones ligueras.
El encuentro arrancó con sorpresas en la pizarra de Álvaro Arbeloa. El técnico blanco agitó el árbol y le dio la alternativa al joven Thiago, luciendo el dorsal ’45’, para formar de inicio en una medular teóricamente equilibrada junto a hombres de la jerarquía de Federico Valverde, Aurélien Tchouaméni y Arda Güler.
Las emociones tardaron poco en aparecer. Antes de cumplirse el primer cuarto de hora, Vinícius Jr. encendió las turbinas con una carrera descomunal desde la línea divisoria que lo plantó mano a mano en el área, pero David Soria firmó una intervención milagrosa para desviar el esférico. Justo después, el partido exigió dar crédito a esos futbolistas que trabajan en silencio y sostienen al grupo: el Getafe armó una contra letal que dejó a su delantero en un peligroso uno contra uno ante Tchouaméni; el francés, sin caer en la desesperación, temporizó de manual, bloqueó el disparo y recuperó la posesión con una solvencia impecable.
El chispazo de Güler y el mazazo de Satriano
Los minutos avanzaban y el ritmo decayó por completo. El partido entró en un letargo del que solo logró despertar al Bernabéu un destello de magia pura de Arda Güler, quien se inventó una ruleta marsellesa sensacional en la frontal antes de soltar un latigazo que, de nuevo, Soria mandó a córner. Pero el fútbol es caprichoso. Cuando más parecía que el Real Madrid maduraba el primero de la noche, llegó el jarro de agua fría. En una aproximación aislada del Getafe, Satriano cazó una pelota muerta y enganchó una volea imperial e inesperada que se coló limpiamente por la mismísima escuadra de Thibaut Courtois. 0-1 y estupefacción en Chamartín.
El epílogo de la primera mitad dejó un Real Madrid deslucido y aburrido, por muy dura que suene la palabra. El equipo mostró una alarmante falta de actitud y una imprecisión técnica impropia en los pases de futbolistas llamados a liderar, como Trent Alexander-Arnold o el propio Valverde. Lo único rescatable de esos primeros 45 minutos fue el altísimo nivel de un Tchouaméni imperial en el corte, aunque totalmente insuficiente para contagiar a un colectivo que le regaló medio partido a un rival sobre el papel supremamente inferior.
Impotencia defensiva, el efecto Rodrygo y la frustración de Mastantuono
En la reanudación se notó un evidente cambio actitudinal, pero las ganas no suplieron la alarmante falta de elaboración futbolística. El Real Madrid chocó una y otra vez contra «El Muro» de Bordalás, una telaraña defensiva que los blancos fueron incapaces de descifrar. Los cambios de Arbeloa buscaron agitar el avispero, y la entrada de Rodrygo Goes le otorgó una necesaria frescura al ataque. El brasileño se convirtió, por derecho propio, en el máximo referente ofensivo del equipo desde que pisó el césped, encarando y buscando portería con el descaro que faltó en la primera parte.
Sin embargo, el colmo de los males madridistas llegó en el tramo final con la expulsión de Franco Mastantuono. El joven mediapunta argentino, sobrepasado por la impotencia del choque y la pegajosa marca azulona, vio la tarjeta roja tras una acción frustrada que dejó al equipo en inferioridad numérica justo cuando se reclamaba un asedio épico. Un error de juventud que terminó por sepultar cualquier atisbo de remontada.
Análisis: Un frenazo incomprensible
La derrota es de esas que cuestan digerir y que resultan difíciles de explicar desde la lógica. Pareciera que al equipo le sentó mal saborear la cima de la tabla por tan solo una fecha. No se entiende cómo un proyecto que marchaba con paso firme y sumaba una racha de siete partidos invicto en el campeonato doméstico, encadena ahora dos dolorosos tropiezos consecutivos para ver cómo el FC Barcelona se escapa de nuevo en la primera posición. Fastidio e impotencia son las palabras que mejor describen una noche aciaga en la Castellana, donde el Real Madrid fue incapaz de cambiarle la cara a un rutinario y frío lunes de su fiel afición. Toca reflexionar y reaccionar de inmediato si no se quiere tirar La Liga antes de tiempo.