Por: Pablo Onorato
El conjunto blanco firma un gris empate (1-1) ante el Girona en el Santiago Bernabéu en un choque marcado por la inminente vuelta de semifinales de Champions contra el Bayern Múnich. Un gol de Fede Valverde con la complicidad de Gazzaniga fue neutralizado por un zarpazo de Lemar que enmudeció a Chamartín.
Como un espejismo en la Castellana, el ambiente en el Santiago Bernabéu representaba un auténtico oasis en mitad del desierto. Se respiraba una calma y una serenidad extrañas en las gradas, donde los fanáticos miraban este compromiso liguero como un mero trámite transitorio, con los cinco sentidos y el corazón enfocados de lleno en la batalla que aguarda en Alemania para la vuelta de la Champions League frente al Bayern Múnich. Sin embargo, en la disciplina merengue no existen los días libres: todos los partidos hay que jugarlos y, por el peso de la camiseta, todos los partidos hay que ganarlos.
Álvaro Arbeloa movió el árbol de las rotaciones, aunque limitándose exclusivamente a la línea defensiva. El ‘Espartano’ certificó la vuelta de Dani Carvajal y Fran García a los laterales, la titularidad de Raúl Asencio tras dejar atrás su supuesto castigo interno, y la gran noticia del regreso de Éder Militão, finalmente recuperado para la causa. De la mitad de la cancha hacia adelante, el técnico ensayó con el bloque que presumiblemente asaltará el feudo bávaro. Con Aurélien Tchouaméni descansando en el banquillo, Eduardo Camavinga y Fede Valverde asumieron las tareas de contención y recuperación en el eje, mientras Jude Bellingham recuperaba su sitio en el once junto a un Brahim Díaz que le ganó la pulsada a Arda Güler por la titularidad. En la vanguardia, la dupla de gala: Kylian Mbappé y Vinícius Jr.
El transcurso de la primera mitad tomó el rumbo habitual de los partidos masticados en Chamartín: de menos a más. El Madrid se volcó al ataque de forma progresiva, buscando constantes desbordes y centros rasantes al área para intentar batir la portería de un Paulo Gazzaniga que venía consagrándose como uno de los guardametas más destacados del campeonato. Mientras el balón rodaba, en las gradas se vivía un partido paralelo. Los aficionados hacían las veces de técnicos, debatiendo de forma incesante quién debería acompañar a Camavinga frente al Bayern o cómo sustituir la jerarquía de Tchouaméni en Europa. Puede sonar repetitivo, pero en Chamartín se jugaba en España, pero se hablaba e ideaba en Múnich.
La fortuna de Valverde y la réplica de Lemar
La segunda mitad mostró una cara completamente distinta de la moneda. Apenas transcurridos cinco minutos de la reanudación, la insistencia local encontró premio. Fede Valverde volvió a vestirse de desatascador liguero en el Bernabéu y ensayó un remate potente desde la media distancia; Gazzaniga, en una acción de flagrante responsabilidad al tratarse de un balón centrado y sin demasiada rosca, no logró contener el impacto y la pelota terminó besando la red. Primer zarpazo del uruguayo con una necesaria dosis de fortuna.
Sin embargo, la suerte es un factor efímero en la élite. Menos de un cuarto de hora después, el Girona demostró por qué es un rival indomable. En una acción rápida, el excolchonero Thomas Lemar se perfiló en el balcón del área y cruzó un remate envenenado y preciso. Ni los dos metros de estatura de Andriy Lunin, estirándose al máximo en una estampa espectacular, pudieron desviar la trayectoria del cuero. El 1-1 subió al electrónico y el golpe psicológico congeló por completo el feudo blanco.
Un Bernabéu enmudecido y la mirada en el abismo
El Santiago Bernabéu quedó súbitamente enmudecido. No era un silencio de enfado o disgusto con el equipo, sino de pura preocupación de cara a lo que se avecina en el Viejo Continente. Las cámaras captaron el rostro de un Kylian Mbappé visiblemente frustrado, incapaz de entender por qué las asociaciones colectivas no terminaban de fluir y por qué las ocasiones claras se resistía en el tramo definitivo.
El tramo final fue el reflejo de un Real Madrid colapsado por la fatiga y la distracción mental, atrapado al borde del abismo ante un empate que apenas movió una sola célula de entusiasmo o reproche en la hinchada. El Madrid se deja dos puntos en casa en una tarde de cuerpos presentes y mentes en Alemania. La Liga se pausa y la batalla final por Europa ya acapara todo el horizonte.