Por: Pablo Onorato
El conjunto blanco golea al Elche CF (5-0) en un Santiago Bernabéu entregado a la euforia tras la gesta europea ante el Manchester City. Un misil de Rüdiger, otra obra de arte de un excelso Fede Valverde, el sello de la cantera por medio de Huijsen y un gol antológico de Arda Güler desde el centro del campo completaron una noche mágica para seguir acechando el liderato.
Cómo cambia la atmósfera en Chamartín en cuestión de siete días. Esa es la magia inescrutable de la Champions League y su influencia directa en las gradas del Santiago Bernabéu. Los ánimos de la parroquia merengue pasaron de la tensión al ambiente de fiesta absoluta; el histórico hat-trick de Fede Valverde ante el Manchester City le devolvió de golpe la esperanza y la sonrisa a un Real Madrid que semanas atrás parecía condenado a una temporada para el olvido. Con esa inercia ganadora, y repitiendo la base que tumbó a los ingleses, los dirigidos por Álvaro Arbeloa saltaron al césped para medirse a un Elche CF que llegó a la capital con el agua al cuello, luchando por no caer en los puestos de descenso. Los blancos no tenían margen de error: la victoria era una obligación para seguir respirando en el cuello de un FC Barcelona que se mantiene cuatro puntos por encima en la cima de La Liga.
Cumplida la primera media hora de juego, el encuentro todavía no tomaba un color definitivo. El Real Madrid maduraba el partido con mucha paciencia ante un Elche atrevido, que demostró personalidad y criterio para salir tocando la pelota desde su propia portería. En otros momentos, el runrún habría tomado la grada, pero la gesta del miércoles blindó la paciencia de la afición. El respetable no se desesperó y, a pesar de que el Madrid tardó en ensayar su primer tiro entre los tres palos, los seguidores mantuvieron el apoyo constante y la tranquilidad, una suerte de recompensa y tributo al equipo por lo conseguido en Europa.
Lo bueno se hace esperar. En el epílogo de un primer tiempo modesto en cuanto a ritmo, los minutos finales desataron la locura con dos bombazos directos a la red del arco ilicitano. Primero, Fede Valverde ejecutó un zapatazo violento de tiro libre que el guardameta Dituro logró repeler con dificultades; el rechace quedó vivo y Antonio Rüdiger, con una agilidad tremenda, empalmó una volea teledirigida en el aire para inaugurar el marcador. Pero la primera mitad aún guardaba otra carta. Con la realidad completamente alterada, el ‘Pajarito’ —que desde hace tiempo juega vestido de ‘Halcón’— volvió a dejar sin aliento al Bernabéu: tras un recorte sutil y exquisito fuera del área, se inventó un golazo colocado con música a la mismísima escuadra. Un golpeo soberbio que obligó a los fanáticos no solo a gritar gol, sino a soltar un «¡UFF!» unánime ante el nivel estratosférico del uruguayo. El Madrid manejó el tempo con maestría, encendiendo los motores en el momento justo para encarrilar el choque antes del descanso.
‘La Fábrica’ responde al llamado y Huijsen dicta sentencia
La segunda mitad sirvió para consagrar el presente y el futuro del club: ‘La Fábrica’ se hizo notar. Ante la gran cantidad de bajas por lesión que azotan a la plantilla del primer equipo, el contexto exigía el paso al frente de la cantera, y los jóvenes respondieron con matrícula de honor. Arbeloa no dudó en dar rodaje y protagonismo hasta a seis canteranos, demostrando que la camiseta blanca no les pesa y que están plenamente capacitados para la exigencia de la élite.
El lazo entre el filial y el primer equipo se ha fortalecido de manera categórica desde la llegada del técnico salmantino, y el tercer gol de la noche fue el vivo reflejo de ello. Tras un centro perfecto y medido por parte de Yáñez, el central hispano-neerlandés Dean Huijsen se elevó con autoridad para peinar la pelota de cabeza y mandarla al fondo de las mallas, firmando el 3-0. El compañerismo y la salud del vestuario quedaron patentes en la celebración, cuando Huijsen corrió señalando directamente al joven canterano ante la grada, cediéndole todo el crédito y el protagonismo de la acción.
La noche continuó cuesta abajo para los visitantes y el monólogo merengue se acentuó aún más cuando la mala fortuna se cebó con Manuel Ángel, quien introdujo la pelota en su propia portería para subir el 4-0 al electrónico tras una jugada de persistencia local que desarmó por completo la zaga franjiverde.
La locura de Güler para una obra de arte histórica
Para cerrar la velada con broche de oro y elevar la noche del sábado a los altares de la temporada, Arda Güler decidió desafiar las leyes de la lógica. En los últimos compases del choque, el talento turco levantó la cabeza desde más atrás de la línea de la mitad del campo y, al ver adelantado a Dituro, desenfundó un disparo descomunal y lleno de fe que sobrevoló el cielo de Chamartín antes de colarse limpiamente en la portería. Posiblemente, el mejor gol en lo que va de campeonato.
Una genialidad eterna que confirma la confianza desbordante de un futbolista que se atreve a chutar desde su propio terreno y que deja al madridismo en un estado de felicidad absoluta. El Real Madrid duerme encendido, en un pico de forma sobresaliente y con la moral por las nubes. El panorama vuelve a ser sumamente alentador y la afición se permite el lujo de seguir soñando despierta con una campaña histórica.