Por: Pablo Onorato
El Real Madrid golea con autoridad (4-1) a un conjunto txuri-urdin que llegaba imbatido en diez jornadas. Un doblete de Vinícius Jr., la pegada del canterano Gonzalo y el guante de Trent Alexander-Arnold devuelven la sonrisa al Bernabéu y aúpan al equipo al liderato en una noche de redención colectiva.
El Santiago Bernabéu volvió a ser el escenario de una noche de fútbol total, de esas que marcan un punto de inflexión en la temporada. El Real Madrid afrontaba una jornada de máxima exigencia ante una Real Sociedad que encadenaba diez partidos invicta, con el indiscutible reto de acostarse en lo más alto de la tabla de La Liga. Y la respuesta no pudo ser más contundente. El equipo firmó una actuación coral soberbia, disipando de un plumazo las nubes del pasado reciente y regalando a su afición un golpe de autoridad que trasciende los tres puntos.
La pizarra de Arbeloa y el guante de Trent
Gran parte del mérito de la noche reside en el banquillo. Tras los debates que marcaron la etapa anterior, Álvaro Arbeloa intervino con una propuesta táctica impecable, madura y valiente. El técnico blanco dispuso un bloque compacto en la medular, cerrando filas por dentro con la roca física que forman Eduardo Camavinga, Federico Valverde y Aurélien Tchouaméni, dejando a Arda Güler con total libertad como único volante ofensivo para canalizar el juego. La gran novedad en el once fue el regreso de Trent Alexander-Arnold, ante una oportunidad de oro para adueñarse definitivamente del carril derecho, mientras que la responsabilidad del gol recayó en una dupla inédita: Vinícius Jr. y el joven canterano Gonzalo, ejerciendo de referentes ante un Kylian Mbappé que aguardaba en el banquillo tras recuperarse recientemente de sus molestias.
La apuesta funcionó con la precisión de un reloj suizo. Con los motores encendidos a tope desde el pitido inicial, el Madrid tardó apenas cinco minutos en reventar el choque. Alexander-Arnold justificó su titularidad firmando ese centro milimétrico y preciso que el club fue a buscar a Anfield; un balón con música que Gonzalo, con un toque sutil y repleto de instinto, mandó al fondo de las mallas para descorchar la euforia blanca ante el conjunto de Matarazzo.
Reacción de campeón al bache de Huijsen
Sin embargo, el fútbol de élite no concede treguas. Tras el zarpazo inicial, el duelo entró en una fase gris, de mucha fricción y disputa en el centro del campo. En pleno letargo local, la Real Sociedad sacó petróleo de un balón filtrado al área madridista: Dean Huijsen llegó tarde al cruce y derribó de forma imprudente al atacante donostiarra. El colegiado no dudó y el dorsal ’10’, Mikel Oyarzabal, ejecutó la pena máxima con un disparo fuerte y certero al centro de la portería para instaurar el empate. Un nuevo borrón en la libreta del central de 23 años, cuyos errores encadenados en las últimas fechas siguen alimentando las críticas y el debate entre la parroquia merengue.
Pero si algo demostró este Madrid, fue una capacidad de reacción inmediata que desarmó por completo los planes txuri-urdines. Lejos de caer en el nerviosismo, el equipo apretó los dientes. Vinícius Jr., haciendo gala de su velocidad y un regate indescifrable, forzó un penalti incontestable en el área rival. El propio astro brasileño asumió la responsabilidad y, con su ya característico saltito previo antes de abrir el pie, engañó al guardameta para firmar el 2-1. El Bernabéu estalló en un idilio nostálgico con su estrella, que contagió su alegría celebrando con su clásica danza brasileña ante una grada entregada.
La tormenta perfecta de la primera mitad se completó con la redención de los retornados. Si Alexander-Arnold había brillado en el primer gol, Federico Valverde firmó la tranquilidad absoluta antes de la media hora con un auténtico golazo desde la frontal tras recuperar su sitio natural en el mediocampo. 3-1, partido encarrilado y una sensación de dominio total basada en la circulación interior del balón por encima de la habitual velocidad desbocada por las bandas. Un fútbol asociativo que encandiló a Chamartín.
El show de Vini y el horizonte de la Champions
La segunda mitad no bajó de revoluciones. Ni un minuto de juego se había consumido tras el paso por vestuarios cuando el Real Madrid volvió a golpear con su fórmula favorita. Vinícius Jr. firmó un desborde antológico con su marca registrada, obligando a la zaga visitante a derribarlo nuevamente dentro del área. Segundo penalti de la noche y segundo acierto inapelable del brasileño para certificar el 4-1 definitivo y su doblete particular.
A partir de ahí, el encuentro se convirtió en un monólogo blanco. El Madrid movió la pelota de lado a lado con una fluidez impecable, haciendo que uno de los equipos más en forma del campeonato pareciera un cuadro desahuciado en la tabla. Lo que en su día se le llegó a achicar a la libreta de Xabi Alonso por la falta de chispa y la dificultad para sobreponerse a los golpes, hoy Arbeloa lo resolvió con un planteamiento tan brillante y dominante que hizo que tanto el cuerpo técnico como los propios aficionados olvidaran por completo que Mbappé estaba sentado en el banquillo.
El Real Madrid duerme líder, recupera su identidad más arrolladora y limpia la imagen del grupo justo a tiempo para el próximo gran desafío europeo. El Santiago Bernabéu ya se prepara para engalanarse y recibir en la Champions League a un viejo conocido que despierta una nostalgia infinita en las gradas de Chamartín: José Mourinho. La mesa está servida para otra noche grande de fútbol.