Por: Pablo Onorato
Un gol de cabeza del prometedor central en el minuto 80 tumba la resistencia de un combativo CF Talavera de la Reina (1-0). El filial blanco se lleva tres puntos de oro que consolidan el proyecto de Álvaro Arbeloa en los altares de Valdebebas.
En una noche fresca de fútbol en la Ciudad Real Madrid, el Castilla de Álvaro Arbeloa sumó una victoria de esas que forjan el carácter de los equipos campeones. No fue un triunfo cómodo, ni mucho menos vistoso, pero el filial blanco supo madurar un partido espeso, friccionado y de máxima exigencia para terminar derribando el muro del CF Talavera de la Reina (1-0). Tres puntos de oro que no solo asientan al equipo, sino que siguen agigantando la figura de su técnico en el horizonte del club.
El duelo de la jornada 10 arrancó con el cuchillo entre los dientes. Desde el pitido inicial, el césped del Estadio Alfredo Di Stéfano se convirtió en un territorio abonado a las disputas, el roce y la máxima intensidad. Tanto fue así que, antes de cumplirse el primer cuarto de hora, el colegiado ya había mostrado dos cartulinas amarillas por bando. El Castilla intentó asumir el peso del partido desde el arranque, pero se topó con un Talavera solidísimo. El conjunto visitante plantó un bloque bajo, ordenado y sin fisuras, cerrando por completo los caminos interiores hacia su área.
Ante la falta de espacio por dentro, los de Arbeloa apostaron por el juego vertical y la profundidad por las bandas. Los centros laterales empezaron a sobrevolar el área manchega y, en el minuto 17, el gol rondó Valdebebas tras una jugada embarullada y llena de rebotes que la zaga visitante logró despejar sobre la misma línea.
Sin embargo, el Talavera demostró que no había ido a Madrid a levantar una trinchera inerte. Con una excelente coordinación colectiva, los visitantes supieron estirarse con criterio y asustaron al filial. Primero, con un latigazo lejano que lamió el poste derecho de la portería blanca; poco después, con un remate cruzado que obligó a intervenir con solvencia al guardameta madridista. La primera mitad se consumió en ese ida y vuelta de revoluciones altas: el Castilla dueño del balón, pero estéril en el último pase; el Talavera amenazante a la contra y rozando el premio gordo en más de una ocasión.
El asedio y la cabeza de un elegido
Tras el paso por los vestuarios, la decoración del partido cambió por completo. El Castilla dio un paso al frente, adelantó líneas de manera descarada y volcó el campo hacia la portería rival. El monólogo blanco fue absoluto. Las llegadas por fuera se multiplicaron, desgastando físicamente a un Talavera que empezaba a achicar agua como podía. En pleno acoso local, el guardameta visitante se vistió de héroe al salvar un mano a mano providencial que mantuvo el empate en el marcador.
El gol se resistía. El filial hilvanaba buenas secuencias, conectaba con acierto en tres cuartos de campo, pero la falta de finura en la definición amenazaba con dejar el partido en tablas. La desesperación empezaba a sobrevolar la grada del Di Stéfano cuando el partido entró en su recta final.
Pero la épica y el Real Madrid son conceptos indivisibles, también en su cantera. En el minuto 80, en una acción que evocó las grandes gestas del primer equipo, apareció Joan Martínez. Una de las joyas más relucientes de La Fábrica se elevó con todo en el corazón del área para conectar un cabezazo imponente que mandó el balón al fondo de las mallas. El 1-0 hacía justicia a la insistencia y al desgaste del filial.
El Talavera vendió cara su derrota y quemó sus naves en el tiempo de descuento. Los visitantes rozaron el empate en una última jugada colgada al área, pero el portero del Castilla emergió con una estirada salvadora para ahogar el grito de gol visitante y amarrar los tres puntos.
La victoria ratifica el excelente rumbo del Castilla y consolida el liderazgo de un Álvaro Arbeloa que sigue demostrando su capacidad para moldear el talento del futuro. Con triunfos de este calibre, basados en la pizarra, la gestión de grupo y el gen competitivo del club, no es de extrañar que el técnico salmantino sea visto por muchos en el madridismo como el heredero natural para ocupar, tarde o temprano, el banquillo del Santiago Bernabéu.