Por: Pablo Onorato
El conjunto blanco golea al Valencia CF (4-0) en una noche redonda marcada por el brillo de Mbappé, la batuta de Güler y un misil final de Álvaro Carreras. Los de Chamartín cierran diez días de ensueño antes de afrontar un durísimo mes de competición lejos de su feudo.
El Santiago Bernabéu vivió otra noche de gala y felicidad absoluta. Tras tumbar a la Juventus en la Champions y conquistar El Clásico, el Real Madrid cerró un ciclo de diez días fantásticos con una goleada incontestable por 4-0 ante un Valencia CF que terminó diluyéndose ante el poderío del líder. Tres puntos de oro que consolidan la ventaja blanca en la cima de La Liga justo antes de afrontar un exigente periplo: más de un mes y seis partidos consecutivos sin pisar el feudo de la Castellana.
El encuentro arrancó con una novedad de peso en el once de Carlo Ancelotti: el regreso de Franco Mastantuono tras dos jornadas de ausencia. Sin embargo, el inicio no fue un camino de rosas. El Valencia saltó al césped atrevido, buscando la posesión y moviendo el esférico con desparpajo en campo madridista. Pero la osadía che duró lo que tardó el Madrid en desperezarse. Un desmarque en ruptura de Kylian Mbappé y una posterior acción a balón parado sirvieron como los primeros avisos de un duelo que se convirtió, por momentos, en un vistoso intercambio de golpes. Vinícius Jr. rozó el primero con un disparo cruzado que obligó a lucirse a Julen Agirrezabala, cuyo despeje propició una contra valencianista abortada de forma impecable por un providencial Dean Huijsen.
El huracán Mbappé y la batuta de Güler
A partir de ahí, el Madrid encendió la apisonadora. El VAR intervino para revisar una acción en el área visitante y el colegiado no dudó: penalti para los blancos. Mbappé, con la sangre fría que le caracteriza, ejecutó con un remate cruzado y raso para inaugurar el marcador. El gol anestesió al Valencia y desató el vendaval merengue, comandado por un imperial Arda Güler. El turco se erigió como el eje absoluto del mediocampo; condujo, distribuyó con criterio y recuperó balones, adueñándose del tempo del partido.
Cumplida la media hora, el dominio local era total frente a un Valencia que intentó llevar el choque al terreno de la fricción, sin éxito. El muro defensivo madridista no concedió ni una rendija. Y entonces, apareció la conexión letal: Güler filtró un pase milimétrico y Mbappé, con instinto depredador, mandó el balón a la red para firmar el segundo de la noche, haciendo honor al premio recibido en los prolegómenos del choque.
Si el ataque funcionaba, la intendencia no se quedaba atrás. Federico Valverde, sacrificado en una posición alternativa para suplir la sensible baja de Dani Carvajal, firmó un cierre espectacular que evitó el descuento Che, demostrando una solvencia encomiable. Antes del descanso, la locura se instaló en Chamartín. Una gran acción de Brahim Díaz provocó un nuevo penalti. Mbappé, en un notable gesto solidario, le cedió el lanzamiento a Vinícius, pero Agirrezabala adivinó la intención del brasileño. El error no penaliza al Madrid, porque instantes después, Jude Bellingham cazaba un balón para definir con clase y ratificar su estado de gracia: tres goles en los últimos tres partidos y una jerarquía absoluta compartiendo el trono con Mbappé.
Gestión, dudas y la obra de arte de Carreras
Tras el paso por vestuarios, el Real Madrid levantó el pie del acelerador. Con el 3-0 y el billete hacia Anfield en la mente —donde espera el Liverpool FC en Champions—, los blancos gestionaron la ventaja sin apenas despeinarse ante un Valencia sin ideas ni rumbo, que dejó sobre el verde el reflejo de su delicada situación clasificatoria.
El contexto de la segunda mitad parecía el escenario idílico para que Mastantuono firmará su reivindicación, pero el argentino completó una actuación discreta. Ofreció pases seguros pero excesivamente horizontales, mostrando poca capacidad de desequilibrio en una noche que parecía diseñada para su lucimiento. La cruz de la moneda fue Brahim Díaz. El malagueño cuajó un partido completísimo; además de forzar la pena máxima, rozó el gol con un latigazo al ángulo en una jugada donde la lógica pedía un centro, disipando con personalidad las dudas sobre su rendimiento.
El tramo final aún guardó un par de emociones fuertes. Javi Guerra intentó maquillar el resultado para el Valencia con un potente disparo a la escuadra que obligó a Thibaut Courtois a firmar una de las paradas de la jornada. Pero el broche de oro estaba reservado para los locales. En los últimos compases, Álvaro Carreras cazó un balón en las inmediaciones del área y soltó un bombazo cruzado a la escuadra que casi rompe la red. Un gol antológico para sellar el 4-0 definitivo.
El Real Madrid cumple con nota alta, desata la ilusión de un Bernabéu entregado y se marcha al exilio europeo y nacional más líder que nunca. La mesa está servida para el desafío en Anfield.