Por: Pablo Onorato
El Real Madrid con toda la presión y las gradas del Bernabéu en contra, derrota al Levante 2-0 en el estreno de local de Alvaro Arbeloa.
El clima avisaba tormenta y avalancha de pitidos, reclamos e insultos alrededor de las 2 de la tarde en las inmediaciones de Chamartín. El Real Madrid volvía al Santiago Bernabéu luego de una fatídica semana, donde el equipo blanco se despidió de dos copas apenas comenzando el 2026. Y es que ya en la Avenida de Concha Espina se escuchaba el desahogo de los fanáticos, quienes hasta pedían la dimisión de Florentino Pérez. Está claro: luego de ver otro año al Barcelona alzar otro trofeo frente a sus narices y de ser eliminados de la Copa del Rey ante un Albacete que se encontraba en la decimoséptima posición de la Segunda División de España, el descontento era de esperarse.
Arbeloa pisaba el Santiago Bernabéu por primera vez como director técnico y ya planteaba un once inicial con todo lo mejor que la plantilla puede ofrecer. A pesar de la vuelta de Kylian Mbappé, Gonzalo no fue relegado al banco, sino que sorpresivamente fue reubicado como extremo por derecha, ganándole la pulseada a Güler y a Mastantuono. También volvieron al esquema titular Bellingham, Tchouaméni y Huijsen, tras haberse perdido el partido frente al Albacete por lesión.
Desde el primer minuto el campo de juego temblaba y la pelota quemaba. Un primer tiempo deslucido del Real Madrid, que no encontraba la fórmula y se veía totalmente desesperado ante el planteo defensivo de un Levante que, en los 45 minutos de la primera parte, fue el único que tuvo una jugada de peligro con un tiro libre por parte de Pablo Martínez que impacta en la red del lado que no suma.
Una vez el juez central pitó el final del primer tiempo, las gradas volvieron a ser protagonistas con su grito de insatisfacción. Empate parcial ante un rival que pelea por no descender, alimentado por un Barcelona que se ve cada vez más lejos de alcanzar en la tabla y el rendimiento individual tan bajo que mostraban muchos jugadores. Huijsen perdiendo el principal argumento por el cual el Madrid fue a buscarlo a comienzo de temporada: su salida con pases desde el fondo, que hoy brilló por su ausencia con constantes entregas erráticas; Camavinga sin ningún tipo de peso en la mitad de la cancha, ni recuperación ni distribución de pelota; y Gonzalo totalmente perdido e incómodo jugando por banda. El jugador formado en la Fábrica no pudo mantener el buen nivel que venía mostrando cuando le tocó suplir a Mbappé.
Lo único que podía salvar al Real Madrid de otro papelón era que Arbeloa supiera qué fichas mover para dejar salir a la reina en este juego de ajedrez, y lo logró. Con los ingresos de Arda Güler y Franco Mastantuono, el Madrid fue otro en el segundo tiempo. El turco, con su juego atrevido, y el argentino, con su buen pie y técnica, revirtieron el rendimiento mostrado en la primera parte, donde el equipo empezó a mostrar mucha más intensidad y profundidad, con constantes pases y gambetas que permitieron que, tras un desborde, Mbappé fuera derribado en el área y así conseguir una pena máxima que el mismo francés convertiría en el primero de la noche.
Fue una inyección de adrenalina y predisposición los cambios que metió el Espartano en el medio tiempo. Diez minutos después del primer gol, un centro preciso de Güler a la cabeza de Asencio sentencia el segundo gol de la noche y, como pañito de agua tibia, calma las amargas sensaciones de las gradas. Por unos minutos, los fanáticos volvieron a sonreír ante un equipo que pudo dominar la segunda parte con facilidad. Un Vinicius Jr. que fue el blanco total de las críticas, quien no pudo contener las lágrimas antes de saltar al campo de juego, pudo mostrar su siempre característico desequilibrio y gambeta veloz, que lastimosamente no fueron suficientes para acabar su sequía de cara a gol en el Santiago Bernabéu.
Un partido que lo gana el técnico. Gran lectura de Arbeloa que, a pesar del mal inicio de su ciclo, hoy pudo manejar la situación cuando el fuego más ardía. El aficionado merengue está triste y preocupado, con toda la razón al ver la ambigüedad de un equipo que todavía no ha podido enderezar sus riendas estando ya a más de la mitad de la temporada. Aun así, todavía el panorama puede revertirse si se le brinda a este nuevo cuerpo técnico la confianza, calma y fe que a Xabi Alonso no se le dio, porque que todos estamos en el mismo barco y el Real Madrid siempre tendrá historia por hacer y ganas de vencer.